sábado, 1 de mayo de 2010

REBECA MATTE: Embajadora monumental del dolor y la orfandad

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Por Juan Eduardo Matthews Houston

In Memoriam: A mis tías bisabuelas Carmen y Elena Puelma López y a su sobrina Marta Puelma Lavergne, quienes legaran bocetos, literatura, conocimiento y el afecto hacia la familia Matte Iñiguez y, a través de la sobrina, a quien escribe.

Rebeca Matte Bello nació millonaria un 29 de octubre de 1875 en una casona, casa con aspecto palaciego, de fachada afrancesada y columnas decoradas con hojas de acanto, ubicada en calle Catedral 1139 justo frente al ex Congreso Nacional de Santiago, y que pertenecía a su padre don Augusto Matte Pérez. Se conserva esta casa señorial declarada Monumento Nacional y era el Fondo Social de la División, Administración y Finanzas del Ministerio del Interior. Allí nació entre llantos una “niña taimada” (en expresión de Gabriela Mistral), de temperamento autocrítico, nervioso e hipersensible hasta las lágrimas. Lectora apasionada y a pesar de su sencillez, comunicaba cierto aire de orgullo como se adivina por su retrato al óleo y el Recado de Gabriela Mistral donde se describe su taller.

Tímida (no le gustaba bailar a pesar de estar de moda el fox-trot en su época de principios de siglo) y retraída, esta vida silenciosa y lejana fue el misterio que contribuyó a construir el llamado “mito de Rebeca Matte” que (similar al caso de Teresa Wilms Montt, otra de las mujeres prominentes de su generación de origen aristocrático y mito por su belleza y por su similar vida anticonvencional que llevó) podría ser llevado al cine.
Piadosa, su abnegación inspirará la noble tarea de combatir la pobreza a través de la educación, para las 17 escuelas de la actual Sociedad de Instrucción Primaria.
Hija de diplomáticos, tía del “capitán chilenísimo de nuestras letras” (en expresión de Gabriela Mistral), el inmortal cronista chileno Joaquín Edwards Bello, y biznieta (no nieta como erróneamente se ha escrito) del latinista y gramático venezolano, don Andrés Bello López. Se sabe que el ilustre Bello fue el iniciador de la crítica teatral chilena, país que le debe además la redacción del Código Civil, la puesta en marcha de la Universidad de Chile, la Gramática, la traducción de La Oración por todos de Víctor Hugo (el mejor poema chileno del siglo XIX), y la Silva a la agricultura de la zona tórrida que le aseguró un lugar inmortal en la poesía castellana.
Algo de su herencia intelectual actuaba en ella, pues es sabido que se hereda hasta la cuarta generación y de este modo el sabio venezolano con su descendencia preciosa debió de haber legado parte de su talento a algunos descendientes de la ilustre familia, como la pedagoga Teresa Prats Bello (la primera en indicar la división de los liceos para mujeres en dos grupos), e Inés Echeverría Bello (la rica prima y amiga de infancia de Rebeca), escritora de estilo irónico pero afectuoso de un gran diario desaparecido y poeta de talla francesa.
De seudónimo “Iris” era también descendiente del sabio humanista venezolano y abuela del ex rector de la Universidad Andrés Bello, Joaquín Barceló Larraín. “Iris” organizó el Club de Señoras (que fundaría tempranamente en 1916 la señora Delia Matte Pérez, la tía paterna de Rebeca), quedando como una de las precursoras de las reivindicaciones femeninas de los derechos políticos de la mujer en Chile, en respuesta al movimiento obrero del norte.
Rebeca era también sobrina de Claudio Matte Pérez, educador, filántropo autor del “Silabario Matte”(“método para la enseñanza simultánea de lectura y escritura”) de 1889, usado como texto de lectura en las escuelas públicas desde 1902. Además don Claudio Matte fue quien inició el trabajo (permaneciendo largo tiempo en su dirección y sostenimiento) de la Sociedad de Instrucción Primaria, hoy continuado desde la dirección por su descendiente, la socióloga Patricia Matte Larraín.
Aún siendo una niña, su bella madre doña Rebeca Bello Reyes perdió la razón y permanecerá durante los cincuenta años siguientes viviendo enclaustrada en una laguna mental, una amnesia profunda y permanente de su pasado. Vivió así en la antigua chacra de Lo Sánchez (luego Población Los Nidos con una plaza que antecedía dos escuelas básicas) que tenía su esposo al otro lado del Mapocho llegando hasta lo que hoy sería el Hipódromo, y languideciendo desde 1875 a 1923 en las lobregueces de un extravío mental, pues sólo atinaba a jugar con muñecas sin tener razón de nada y siéndole todo indiferente: sucesos, parientes, etc. Para Rebeca este hecho fue muy fuerte pues se sentía culpable por esta enajenación mental.
Entonces debido a la enfermedad mental de su madre y los continuos viajes diplomáticos de su padre, fue encargada durante la primera infancia al cuidado de su abuela materna, la ilustre señora doña Rosario Reyes de Bello (viuda de un hijo de don Andrés, el parlamentario y traductor literario Juan Bello Dunn), y se fue a vivir junto a ella, nuera de Andrés Bello, a su quinta, una casa con aire de abandonada y típica de estas familias aristocráticas de los descendientes del sabio venezolano.
Mujer culta y aguda de gran personalidad, con un carácter alegre, emancipado y dicharachero, Rosario mantuvo el último gran salón literario del Chile pasado, pues a su casona de calle Miraflores llegaban Lastarria, los Blest Gana, los hermanos Amunátegui (Miguel Luis fue el biógrafo de Bello) y Barros Arana. Así su abuela fue quien enseñó a Rebeca a respetar los valores artísticos y literarios en esta casa de la “mamita Reyes”, donde se educó la escultora junto a Inés Echeverría.
Sin embargo, Rebeca Matte no tuvo cariño en su infancia, pues siempre le faltó su madre y así quedó marcada por la añoranza del apego materno y la angustia de “niña huérfana”.
El padre de Rebeca, don Augusto Matte era un agente diplomático chileno, militante liberal y banquero. Ministro de Hacienda “más atento a la cultura de Europa que a la balanza de la Bolsa de Valparaíso”(en expresión del Recado de Gabriela Mistral dedicado a la escultora). Ya había hecho una gran carrera política y financiera, estaba en la cúspide de ella siendo Ministro Plenipotenciario en Francia, Suiza, Alemania y París, y a la capital francesa su padre la llevó y se estableció allí para educarla.
A los quince años empezó a manifestarse la habilidad plástica de Rebeca Matte quien ingresa en 1890 al Colegio de Madame Mathieu de París. Vivía allí con su padre mientras la madre permanecía recluida entre sus juguetes, en el terruño que Rebeca sólo volvería a ver en esporádicas visitas. Ya por entonces empezó a mostrar en su cuerpo frágil y menudo los síntomas de su enfermedad pulmonar, una pleuresía que le haría sufrir hasta el final.
Entonces siendo muy joven domina cinco idiomas: español francés, inglés, italiano y alemán.
Desde niña Rebeca modelaba con lo que tuviera en sus manos, pero profesionalmente comenzó a esculpir a los 15 años de edad, a instancias de su padre convencido del talento innato de su hija al guardar de por vida en un cofre, un cuerpo femenino de plasticina con manos de las que brotaban flores retorcidas. Como “todo padre fino se sabe pedagogo”, escribió Gabriela Mistral en su Recado.
El sería su mentor (su papá testimonia con orgullo su talento de escultora en sus cartas) y la llevó a Roma al taller del escultor Giulio Monteverde, de quien sería alumna siguiendo las formas clásicas y teniendo como modelo a Miguel Angel (al esculpir con similar terrebilitá, ese sentido propio del Buonarotti en su tallado lleno de refinamientos táctiles para conseguir mayor dramatismo expresivo), mientras su padre era Embajador ante el Vaticano del Quirinal. Y al ver sus magistrales trabajos le anunció visionaria y certeramente que sus obras “harían figurar su nombre al lado de los más grandes artistas”. Entretanto, en sus ratos libres paseaba por Roma (1897-8).
Prosiguió sus estudios en la famosa Académie Julian de París (el lugar obligado para las niñas acomodadas que querían manifestar sus inclinaciones artísticas) con el triunfante escultor francés oficialista de su época Denis Pierre Puech, famoso medallista quien sería el autor del monumento a Los Héroes de Iquique en Valparaíso y del Monumento a los hermanos Miguel Luis y Gregorio Víctor Amunátegui fuera de la Casa Central de la Universidad de Chile. Así del academicismo romano pasará a las formas rodinescas.
En la capital francesa Rebeca Matte conoce a quien sería su único esposo mientras este servía el cargo de Encargado Comercial (encargado de negocios) en París, y él le prometió absoluta libertad para su arte.
Bajo esas condiciones la escultora se casa en 1901 con él, su marido Pedro Felipe Iñiguez Larraín, dos años mayor, joven y acaudalado diplomático, un político que como Ministro de Estado decretaría la construcción de la Biblioteca Nacional y proyectaría la edificación de 4000 escuelas primarias.
Como diplomático representó a Chile en la Liga de las Naciones.
El esposo supo amarla valorando su talento, estimulándola en su arte al apoyar cada una de sus obras. Era un caballero, comprensivo e inteligente, de gran bondad y sensibilidad. Altísimo y de un físico impresionante, contrastaba con la debilidad física de Rebeca de quien se cuenta que “era como un pajarito”.
Creció así con mayor profundidad el sentido psicológico de su obra pues con él Rebeca encontró la estabilidad psíquica y afectiva que había necesitado en su infancia y su juventud, sin embargo, después dicha relación decaerá y antes, por esta época, Rebeca hacía un largo paréntesis en su obra.
De todos modos ya había conseguido mucho pues le habían aceptado y premiado sus obras en el Salón de París, sus profesores le reconocen su talento como muchacha dotada, y la brillante culminación de su carrera le llevó a ser nombrada Profesora Honoraria en la Academia de Bellas Artes de Florencia, cargo otorgado por su maestro Monteverde y distinción conferida por primera vez a un artista extranjera y a una mujer.

En 1902, un año después de su matrimonio, nació en París un 19 de marzo, una niña hermosa, de rizos rubios y dorados, sensible, pura, buenísima y de ojos soñadores...


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“Lily Iñiguez Matte”, fotografía anónima del álbum familiar, 1905

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María Eleonora Iñiguez Matte, más conocida en el ámbito y ambiente literario como “Lily”. Al igual que su madre era hija única y a ella Rebeca le entregó todo su amor.
En esa casa creció su hija “Lily”. Era feliz contemplando sus esculturas y junto a su perrita “Baby”, su burrita “Algesiras”, sus conejitos, su lorito “Lory” y, cuatro años después, su querida gata llamada “Chiffon”.
La crianza de “Lily” mantuvo a su madre alejada de los talleres por varios años.
La niña empezó a escribir poesías desde una edad muy tierna (a los 11 años) y necesitaba traducir sus sueños en palabras redactando también un diario de vida que terminaría siendo publicado póstumamente. Se le comparó con la rusa María Baskircheff pues también dio cuenta en textos íntimos de sus vivencias personales como internas en un sanatorio de Suiza.
La pequeña escribió su diario en francés, pero intercalando frecuentes párrafos y frases en inglés, italiano y alemán. Pocos años después de su muerte sería publicado bajo el título original de Pages d’un Journal (Páginas de un diario), en edición que respetó fielmente los idiomas usados por la autora, pues se conservó la gracia y la espontaneidad que lo caracterizan en su forma original.
A finales de 1902 Rebeca Matte pasará unas breves estadías en Chile.


Pero más adelante, en julio de 1910, surgirán dificultades matrimoniales entre Rebeca y su esposo. Estas agudizarán el dolor de la esposa por la lejanía de su marido retenido en Chile por sus labores políticas.
Dichas discordias fueron motivadas por la enfermedad nerviosa de su mujer que no paraba de esculpir y por el retiro de su marido de la diplomacia gastando excesivamente y proyectando la vuelta a Chile. Sumado a esto no compatibilizaba el carácter fiestero del esposo con el retraído de su mujer encerrada siempre en su taller, trabajando sumida en un silencio obsesivo, tal como lo contó su prima Inés. Desde entonces a causa de esta relación “malita”, Rebeca vuelca en su obra su propia vida vacía de un amor verdadero y da su afecto a su amiga entrañable María Teresa Gandarillas.
Entonces la artista, muy en contra de su voluntad, tuvo que alejarse de la escultura por unos años debido a que su salud no le acompañaba con el duro trabajo de esculpir, sumado al acosador peso de la fama en América del Norte y Francia con repercusiones en el Salón Oficial de Chile.
Recién dos años más tarde expondrá en París retomando la escultura de la cual se había alejado, pues entre 1901 y 1912 estuvo inactiva reuniendo fuerzas para nuevos trabajos, lapso en que se encamina por nuevas tendencias de estilo. En 1912 su padre se hallaba muy enfermo en Berlín, motivo por el que acude a esta ciudad y muere al año siguiente en 1913, lo cual para ella es una pena muy grande, ya que en él encontró quizás el cariño maternal que su madre nunca le pudo dar.
Este mismo año su gran amigo y comentarista de su obra, el corresponsal del diario El Mercurio, Carlos Silva Vildósola, vivía en Suiza con su esposa, la poetisa María Monvel (seudónimo de Tilda Brito Letelier, gran poeta incluída en la célebre antología Selva Lírica de 1917) y mantendrá correspondencia con la escultora, así como después ella lo hará con el columnista del mismo diario, “Alone”, en reconocimiento de la acogida de su obra escultórica en Chile.
Al fallecimiento de su padre fue a un “villino” (como le llamará gustosamente su hija "Lily" a este chalet) en la carretera del norte de Florencia (Fiésole), comenzará a alquilarlo y ya al entrar al año siguiente se traslada y se va a vivir definitivamente con su familia instalándose hasta el encierro en su castillo de Florencia. Era una mansión renacentista, una residencia con aire de castillo llamada “La Torrosa” (“La torre rosa”) donde realizó la mayor parte de sus obras y que aún se conserva. En su amplio taller estilo “chateau fort” (con un panorámico mirador) aislado en la montaña y ubicado al fondo del jardín, en una media colina con su “viña claveteada de olivos y ciprés” (como escribió Gabriela Mistral en su Recado). Así en esta villa, en su jardín antiguo a la sombra de aromáticos cipreses del Apenino, se divisaba el lejano panorama de cúpulas y campanarios. Rebeca trabajaba modelando la greda o entre mármoles y enredaderas iluminada por una claraboya, reuniendo las maquetes (moldes en yeso) de sus obras y otros motivos de inspiración como máscaras y un sarcófago.
Permaneció en Italia por la conveniencia del clima, tanto para su salud como para la de su hija “Lily”, con la cual madre e hija se entendían muy bien pues comprendían la sensibilidad de cada una.
Pero ya por entonces Eleonora enfermó de tuberculosis viviendo una agonía ejemplar.
En París vio trabajar a Rodin, a quien admiraba, y este estímulo impulsó a que aprendiera las formas rodinescas (su tratamiento de la superficie inacabada y el perfil abocetado, es decir, discontinuo como en un boceto). Expondrá en la capital francesa obras de primer nivel hasta 1914.
Tras algunas breves estadías en Chile a finales de 1902 Rebeca regresa a Europa y continúa trabajando la talla directa del mármol y el vaciado en bronce.
En febrero de 1914 Rebeca fue elegida miembro de dos Academias y de las cuales recibió diplomas de honor, como consta en el mencionado diario que escribía su hija.
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“Ve a rezar, hija mía, ya es la hora de la conciencia
y del pensar profundo”
(La Oración por Todos, Víctor Hugo)

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Por entonces se suma otro de tantos dolores a la vida de Rebeca Matte. Fallece su amiga íntima María Teresa Gandarillas quien le había llevado de vuelta al catolicismo.
Así Rebeca Matte pasó del agnosticismo a la conversión enseñándole prácticas católicas a su hija “Lily” y no será sino hasta 1915 cuando la escultora se considerará creyente y se interesará por la santidad incentivada con la enfermedad de su hija, rezando con ella las oraciones del mes de María y dándole la oportunidad de hacer su primera comunión en mayo de 1916, sacramento que la adolescente recibe con “grandes emociones, sensaciones que no se pueden describir”, como anotó en su diario.
Poco después de continuar sus estudios en la Academia Julian de París con el escultor clásico francés Paul Dubois se dedica a hacer clases de escultura en la Real Academia de Florencia a partir de 1918 y en la que formuló nuevos e interesantes problemas de textura.
Ese mismo año la Academia de Bellas Artes de Florencia distingue su incansable trabajo nombrándole Profesora de dicho establecimiento y, al mismo tiempo, le confería una medalla única a la mejor obra anual escultórica.
Y en esta misma ciudad de los museos, el Palacio Pitti (donde sólo se exponían obras maestras) solicitó una de sus estatuas para ser colocada junto a las obras de algunos de los más grandes artistas italianos como Rafael, Leonardo, Tiziano y Miguel Angel.
Desde el comienzo de su obra se apreció su extraordinaria sensibilidad agudizada por la ausencia de su madre que enloqueció al haberla dado a luz.
Fue su vida laboriosa, de muchas obras de diversas intenciones, y una mujer ideal del siglo XIX: culta y educada en Europa en medio de salones de pintura y discusiones filosóficas.
Su hija “Lily”era la primera alumna del colegio de Florencia y políglota desde los 15 años de edad. Junto a su madre pasaba tardes enteras tejiendo suéteres, cosiendo para los soldados franceses de la Primera Guerra Mundial, y organizaban navidades para los niños pobres de Fiésole.
Aquí mismo en 1921, tras un picnic campestre de “Lily” con sus amigos, a pesar del suave calor de la primavera florentina y cuando todo era armonioso en la vida de Rebeca Matte, su hija se enfermó de tuberculosis. Así contraería el mal romántico llamado entonces la “peste blanca”, propio de los grandes artistas tuberculosos como Chopin, Musset, Paganini o Dostoievski.

Pero ya cinco años antes, a los catorce años de edad y hasta 1921, el frágil organismo de "Lily" se irá consumiendo, y a los 18, entrará a un sanatorio suizo.

En enero de 1922, la madre de la escultora, Rebeca Bello, quien había vivido tantos años solitaria paseando por la quinta, muere en Chile sin despertar jamás a la razón.
En el caluroso verano de 1924 Gabriela Mistral andaba de paso por la ruta polvorienta de Fiésole y aprovechó de ir a conocer a la escultora, pero como no se encontraba, sólo pudo visitar su taller, pues Rebeca estaba con su hija en St. Mauritz pasando una temporada de verano.
Entonces la artista se aleja momentáneamente del arte durante 6 años para cuidar de su hija, pues con la influenza su salud continuaba agravándose desde los años 1922 hasta 1926. “Lily”es trasladada al Sanatorio de Tuberculosos de Leysin en los Alpes Suizos y luego al de Davos.
Como se sabe, el Sanatorio Wald de Davos fue el mismo que Thomas Mann escogió como escenario (a raíz de una visita a su esposa quien se encontraba allí internada) para escribir La Montaña Mágica, su novela más importante y el clásico romántico alemán del siglo XX.
Así Rebeca vivirá con su hija en el sanatorio en medio de una rutina donde se alternaban los responsos fúnebres con la música fox-trot del salón de baile.
Sin embargo, por su parte, Rebeca Matte nunca tuvo tuberculosis en plena juventud como se ha escrito reiteradamente, según la investigación de su biógrafa Isabel Cruz.
“Lily” Iñiguez, “la delicada flor de anemia y poesía” (como escribió el mítico y célebre actor chileno Alejandro Flores en la antigua revista Zig-Zag del 21 de mayo de 1932), lamentablemente fallecerá prematuramente, morirá joven a los 24 años de edad y trágicamente en los brazos de su madre un 6 de septiembre de 1926. Su vida acabó en este año (y no en 1906 como se ha escrito también erróneamente en un sitio de Google) sin conocer jamás Chile.
Entonces la artista giraba estilísticamente, ahora inspirada por el estímulo de la escultura arcaica de Bourdelle, pero la pérdida de su hija le hará abandonar su trabajo afectada profundamente y caída en el mayor sufrimiento.
Rebeca ya sin ánimos y con una imagen algo avejentada deja la escultura y se dedica a la memoria de su hija.
Viaja a Chile y en 1927 su frágil salud le obligó a pasar en cama en la habitación que su marido le ofreciera en su casa de calle Curicó 18 (hoy Tata Consultancy Services, consultoría de informática).
A continuación la escultora dona algunas de sus inmortales obras al actual Museo Nacional de Bellas Artes y entrega su última escultura titulada Los Ciegos que se emplazará hasta hoy en el Cementerio General.
Además hace entrega de los poemas de “Lily” al gran crítico literario “Alone” quien los elogia.

Rebeca Matte, marcada por la piedad, tuvo un profundo sentido humano que en este viaje la llevó a fundar un hogar de niños huérfanos en honor de su hija, llamado “Los Nidos”. Nombre escogido por su prima doña Inés Echeverría quien lo aconsejó por ser “palabra con calor de pluma”.
Había levantado esta idea en 1923 desde Italia con la colaboración de su amiga de toda la vida doña María Teresa Gandarillas de Tocornal, activa colaboradora del “Nido Rebeca Bello” como lo fue también “Iris”.

Ya un año antes se anunciaba su voluntad abnegada por todos aquellos niños huérfanos como consta en la cuarta estrofa de su epitafio Dolor grabado en piedra detrás de la escultura homónima:
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Las tristes orfandades de esos niños perdidos en la tierra
que ignoraron el beso en que se encierra
el más puro secreto del amor

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Así los estatutos de la Fundación fueron aprobados instituyéndose por Decreto Supremo de abril de 1930, la “Fundación Lily Iñiguez-Los Nidos”, la cual sería una sociedad de beneficiencia. Como patrimonio de esta Fundación se legó la importante fortuna de esta pareja, especialmente la del señor Iñiguez que había formado en Valparaíso, quien aportó una suma considerable ($2.350.000), pero con el tiempo el hogar se terminó y el dinero y esfuerzo de la fundación se dedicó a crear y mantener jardines infantiles gratuitos para niños de escasos recursos durante 30 años.
Se levantó originalmente en la misma quinta donde vivió solitaria Rebeca Bello ayudada por la diligencia generosa de su prima “Iris” quien ayudó a instalarla pronto.
Ubicada en el pasaje Nueva Los Nidos 1820 (por calle Los Nidos entre Francia y Nueva de Matte) de la avenida Independencia, altura 1700 donde los Matte tenían una casa de campo que hoy es el Hogar Nº16 de la Fundación Las Rosas.
Destaca por su pórtico tallado en madera grabada con la inscripción: "Yo me ocuparé de estos niños - Lily - La casa de Lily"; y por el bello retrato de Eleonora de nostálgicos ojos, firmado justo el año de su muerte, y hoy ubicado en la sala de estar de Enfermería.
Allí a partir de junio de 1930 las pequeñas huérfanas que eran recibidas desde los 3 hasta los 6 años de edad, obtenían cuidado, cariño y educación sin más limitación que la de su propia capacidad intelectual.
Primero “el Nido alberga 20 niñitas…amorosamente cuidadas y educadas por las señoritas Puelma López, parientes de mi madre y mías, escogidas por esta fundadora…”, mi amiga María Teresa Gandarillas, la cual después de sucesivas desgracias, se ha dedicado a la dirección superior del Nido…”(Sara Guerin de Elgueta, op.cit. en Manos de Mujer Rebeca Matte y su época 1875-1929 por Isabel Cruz de Amenábar, pág. 462).
Llegaron a existir tres Nidos en la década ’70 y cada hogar atendía a 200 niños desamparados y albergados allí, y luego mantenidos en dos campamentos de Pudahuel y Colina.
Una parte del material escultórico y bibliográfico que se conservaba en el Colegio “Los Nidos” de calle Independencia pasó a la actual Sociedad de Instrucción Primaria de Santiago ubicada en el pasaje Phillips 16 piso 7.
Joven aún, pero aún más avejentada, Rebeca Matte vuelve en 1929 a Chile a su casa quinta de la avenida Pedro de Valdivia y permanece un corto período hasta marzo.
Regresa a Europa casi moribunda y en Florencia una tarde junto al canto de ruiseñores fallece el 14 de mayo de 1929 con sólo 53 años de edad.
Será luego recordada por los críticos de arte de media Europa, pues centenares de necrologías se dedicaron a su memoria tanto en Chile como en Europa, especialmente en París y Roma.
Algún tiempo después, su viudo don Pedro Felipe Iñiguez (recordando la idea de 1913 para el padre de su esposa, de una tumba familiar cuyo símbolo fuese el dolor), hace construir (sobre planos florentinos trazados en esta “ciudad de los museos”), un bellísimo mausoleo de arquitectura florentina semejante a la tumba de Los Médicis, al que luego traslada los restos de su esposa e hija.
Su esposo fallece en Santiago el 14 de noviembre de 1940 (y no en 1935 como erróneamente se ha escrito) y yace también en la misma sepultura familiar.
Es una tumba del más bello simbolismo, un mausoleo de gran majestuosidad pero simple a la vez, como pequeña capilla que es, y en cuyas puertas talladas en alabastro dos ángeles ensimismados y entristecidos en espera de resurrección imponen silencio, y paz, el cristo coronado de espinas.

Se conserva hasta hoy en el Cementerio General ubicado detrás de la tumba de Carlos Ibañez del Campo, en la calle Bello, metros antes de llegar a Limay.

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Nada es más grande que un gran dolor
(Noche de Octubre, Musset)
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Los acontecimientos de la vida de Rebeca Matte la llevan a inspirarse en este sentimiento a partir de la muerte de su padre, pues desde entonces su configuración psíquica responderá al dolor y la caída, y ella creía que “el dolor es santo” tal como lo declaró en una carta difundida por “Iris”.
“Su obra estuvo marcada por el dolor humano” (escribió certeramente, en el Diario Ilustrado del 29 de diciembre de 1930, su amiga Martina Barros de Orrego) pues todas sus obras tienen alguna relación con el dolor, el sufrimiento o la muerte.
El dolor, tantas veces presente en sus esculturas y que tomó distintos matices, la conmovía, y el tema que parece ser el motivo central de sus obras es el ser humano vencido por el destino.
Estos sufrimientos en una época “masculinizada” llevaron a comparar su vida con la de Camille Claudel, la escultora francesa de fin de siglo amante de Rodin y hermana del poeta del simbolismo católico Paul Claudel.
Rebeca Matte fue una artista independiente inspirada sólo por estímulos encontrados en París y complementados con los de Roma, Florencia y El Vaticano, lugares en los que se movía con familiaridad.
Su producción se caracteriza por la tendencia realista y el desarrollo de temas históricos, alegóricos y mitológicos en obras "todas de estructura magistral" según el gran Diccionario Histórico, Biográfico y Bibliográfico de Chile (1928) de Virgilio Figueroa (del mismo autor a quien "Iris" le enviará su autobiografía).
En su obra subyace una narrativa literaria inspirada en estímulos literarios. Su temática y técnicas coinciden con la de los escultores chilenos de la Generación Académica del siglo XIX (Simón González y Ernesto Concha en particular) pero también recuerda algo las formas de José Miguel Blanco por un similar tratamiento realista de la anatomía de las figuras.
Además como los escultores anteriores a ese siglo, la artista no practicaba el método moderno de la talla directa, sino que trabajaba con sus manos los bocetos en greda y yeso, y a lo largo de su carrera practicó también el vaciado en bronce.
A la usanza de los escultores modernos de la antepasada centuria centraba su interés principal en el modelado, y es una de las pocas en Chile que incorporaba la creación de modelos a tamaño natural (escala monumental), práctica entonces difundida por Rodin.
En la producción escultórica de Rebeca Matte se aprecian dos etapas:
La obra de juventud, época “masculinizada” como se ha dicho, es una primera fase vinculada al neoclasicismo. Se caracteriza por su carácter declamador (un fuerte componente narrativo procedente de motivos y formas del lenguaje académico que entonces estaban de moda) por el cual se resiente un tanto, pero que de todos modos deja ver tras de sí una sensibilidad dolorosa (infrecuente entonces en la escultura academicista de su tiempo) ejecutando obras de una extraordinaria potencia dramática.
Y la obra de su fecunda y creativa segunda etapa (ya que estuvo un largo tiempo sin trabajar) donde incorpora la modernidad del romanticismo y se encuentra influenciada por la moderna concepción escultórica de Rodin. Es un período de mayor penetración psicológica y de readaptación de su propio estilo debido a sus viajes y estadías europeas.
Lo más admirable de su obra según sus estudiosos es el extraordinario sentido dramático de la expresión que le llevó a crear su propio estilo con “manos de mujer” (título tomado de un poema sobre las manos femeninas y usado en el libro homónimo de su biógrafa Isabel Cruz de Amenábar), pues fue la escultora que más dignificó a la femineidad. Así se destaca por la gran fuerza expresiva que es lo más seductor de su trabajo y con él obtuvo numerosas distinciones (Primera Medalla en la Exposición de Buffalo, Primera Medalla en la Exposición Anual de Santiago, etc.), especialmente la Mención Honrosa conseguida en 1901 en el Salón de París con su escultura La Miseria.
Y todo ya en los primeros pasos de su carrera en cortos años de labor.
Está considerada como la pionera escultora chilena, la primera escultora moderna (modernidad romántica) de nuestro país y también pionera de la escultura americana incluída entre los grandes escultores de América, como la otra escultora que en su país también diera los primeros pasos de exploración moderna, la argentina Lola Mora con quien se le ha comparado frecuentemente a pesar de ser su antítesis desarrollando estilos cada vez más diferentes. Rebeca fue una innovadora debido a que no se apegó a los rígidos cánones del academicismo, y la escultora sudamericana más destacada de su tiempo.
En suma, Rebeca Matte es la escultura más potente, original e inspirada de Chile.
Recibió el aplauso de la crítica y de los más importantes centros de arte del mundo y ha sido referente de las escultoras chilenas posteriores como Marta Colvin y Lily Garafulic.
Autora de obras magistrales en cuanto a oficio dejó un legado inmenso que quedó repartido por Santiago y Europa, trabajos aplaudidos y premiados en Francia (Desesperanza, Salón de París de 1908), Alemania (Un Vencido, 1912, bronce, aunque no recibió la medalla de Bruselas en aquel año), Italia (Dolor, 1913, Mujer que descansa y Cabeza, fuera de la bodega de la Galería de Arte Moderno de Florencia ubicada en el Palacio Pitti) y Chile. Otras quedaron extraviadas: Una Vida, La Guerra en su versión de maqueta en yeso, etc.
Es el único caso en la historia de nuestro arte en recibir, ya antes de los 30 años de edad, dos primeras medallas en Chile (1900 y 1901), y en ser Profesora nada menos que en la Escuela de Artes de Florencia. Miembro de la Accademia delle Arti del Disegno de dicha ciudad en 1917, la primera academia artística fundada en 1563 en Europa bajo la dirección de Giorgio Vassari, con el apoyo de Cosme de Medici, cuyo primer miembro electo fue Miguel Angel. En la larga historia de esa institución, este reconocimiento lo han logrado muy pocas artistas mujeres y ningún artista chileno en su tiempo.
En enero de 1915 fue nombrada Miembro de Honor de la Sociedad Académica de Historia Internacional por su admirado escritor Edmond Rostand (el autor de Cyrano de Bergerac) quien era entonces su Presidente.
Se le otorgó en el Salón de Artes Plásticas (realizado en París en 1900), el Diploma de la Sociedad de Artistas Franceses.
Por último en 1917 la Sociedad de Bellas Artes de Florencia le entrega una medalla de plata por su obra Dolor, la que finalmente será colocada en la tumba de sus padres en el Cementerio General de Santiago.

Dentro del amplio catálogo de esculturas de Rebeca Matte hay varias obras maestras y algunos de sus trabajos más personales y conocidos son:

Meditación: Bronce esculpido en París, 1899. Hoy se conserva en la Sociedad de Instrucción Primaria.
Representa a un anciano que fue comparado a la altura del Pensador de Rodin por su postura y su grandeza de modelado.

Horacio : Hoy en el Hall Central del Museo Nacional de Bellas Artes al que fue donado.
Es una estupenda y magnífica escultura neoclásica de tendencia academicista en su técnica, y de gran potencial expresivo. Pertenece a su etapa de juventud (1900) y conocida por todos pues en su época asombró cómo una escultora joven y frágil de sólo 25 años fuera capaz de modelar y esculpir como un hombre en ese formato gigante (tamaño natural de 1:80 centímetros de alto), usado hasta entonces casi exclusivamente por escultores varones. Pero lamentablemente en nuestra época, por culpa de un inconsciente visitante, su dedo índice fue cortado y pegado.
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La belleza que esculpe el dolor


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Militza : Otra obra de su primera época, más naturalista que Horacio. Esta escultura fue enviada por su autora desde París para el Salón de 1900 en Santiago.

Fue considerada entonces como su mejor obra por su profunda humanidad, la que le abrió las puertas del Salón de París y le distinguió con una Mención Honrosa apenas a los 25 años. La versión en mármol se luce por la bella mano con postura de abrir lentamente la clusura, “lucimiento”, tal como escribió Pedro Lira al padre de Rebeca en carta del 1 de octubre de 1900. Fue la primera de sus obras en concebir el motivo de la mujer contra el muro, el cual sería constante en sus figuras femeninas. Militza es la heroína del poeta parnasiano François Coppé hoy casi olvidado. Se encuentra en préstamo en el Museo de Arte y Artesanía de Linares y existe una réplica en bronce en la Galleria d’Arte Moderna del Palazzo Pitti. Es de gran vigor aunque sentimentalista y algo disminuida por su incorrecto brazo. Representa a la esbelta zíngara (gitana del siglo XIX) vencida y doliente que agobiada por el dolor intenta en vano abrir la puerta de la prisión donde se encuentra su enamorado.

Era según el poeta:

"La hija de Bohemia, sin patria y sin Dios
que sufre de ver sufrir al desgraciado que ama
".


La belleza que esculpe el dolor

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El Eco : Otra obra de juventud esculpida cuando su autora tenía residencia en la capital de Francia. Fue presentada en mármol en el Salón de París de 1901 donde deslumbró, y premiada en ese certamen con una Medalla de Primera Clase. Luego fue exhibida en la Exposición de Buffalo. Hoy esta bella figura femenina desnuda se encuentra desde 1912 en el hall central del Museo Nacional de Bellas Artes.
Es una de sus pocas obras que no expresa dolor. Demuestra el mismo extraordinario vigor que antes le hizo famosa con Militza. Es la más fina (la más perfecta y sensual) escultura de Rebeca Matte, obra maestra en su género en cualquier época y país, y la que destaca en su época de juventud. Junto con Horacio y Militza le bastaron para asegurar su fama aunque no hubiera vuelto a esculpir jamás, como escribió en 1983 mi maestro y clarísimo crítico de arte Víctor Carvacho en su Historia de la escultura en Chile.

Su título original fue L’Enchantement (“El encantamiento”). Es un bello desnudo de armoniosas líneas. Representa a una ninfa adolescente que se inclina en actitud de escuchar un lejano mensaje de esperanza. Evoca a la muchacha que ha oído un sonido distante, la voz del amor e “indecisa entre la alegría y el miedo se sienta al caer la tarde al borde de los farellones y cree oír la voz del mar”, cuando es su corazón el que habla de un amor no correspondido, mientras una de sus manos se aferra de un tronco carcomido para protegerse del impulso que la domina. Fue considerada como una de sus más perfectas obras, perfección de la forma con una ejecución poderosa y robusta, y por su delicadeza exquisita que es puro recogimiento, suavidad y silencio. Es una creación simbólica, pues está escuchando voces interiores que provienen desde dentro de ella.


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Lily : Un busto de mármol esculpido en 1904 que actualmente se encuentra en la Sociedad de Instrucción Primaria.
Es una de sus obras más personales (así como Militza y Dolor) pues logró trasladar al mármol la delicadeza de la niña proyectando su ternura. Es una expresión del amor maternal inspirada en la belleza de su hija (“Ma fille” como indica su inscripción) cuando contaba con unos 11 años de edad. Es una obra atípica en la producción de Rebeca Matte pues es una de las pocas obras en la que no se aprecia rasgo alguno de dolor.



La belleza que esculpe el dolor

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Enrique Ovalle Reyes : Escultura en bronce realizada en 1904 que representa al primo hermano de su madre enfermo de cáncer estomacal. Es un encargo de familia ejecutado primero en molde de arcilla y de póstuma fundición en bronce.
Antiacadémica y expresiva, anuncia sus figuras masculinas ejecutadas en Berlín.
Está ubicada en el Museo de Arte y Artesanía de Linares.

Santa Teresa : Escultura de medio cuerpo en mármol blanco, realizada en París entre los años 1907 y 1908.
El tiempo otorgó una pátina suavemente dorada al cuerpo de la escultura y se encuentra en la Sociedad de Instrucción Primaria.
No es la única obra religiosa de su producción pues sus esculturas funerarias también lo son al apuntar a la vida eterna. Aquí su autora por primera vez experimentó el llamado de la mística católica inspirándose en la figura de la Doctora realizada por Bernini en la capilla Cornaro de la Iglesia de Santa María de la Victoria, que vio durante sus pasos por Roma. Capturó toda el alma de la virgen de Avila y modeló una figura luminosa (iluminado paralelismo de las manos enlazadas simbolizando la unión mística) de arrobada expresión con sus ojos semientornados (cerrados pero mirando hacia un mundo interior) y finísima textura buscando la purificación y el estado de gracia virgen de la santa.

Desde esta obra la vida de Rebeca Matte se aferró a la búsqueda de una sanación espiritual, conversión de su agnosticismo.


La belleza que esculpe el dolor

Rebeca Matte dando sus últimos toques a la escultura “Santa Teresa” en París, 1907
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Crudo Invierno : Escultura concebida durante la permanencia de Rebeca Matte en Berlín, y donada al Museo Nacional de Bellas Artes al año siguiente, donde hoy se encuentra en su segundo piso del balcón sur.
Fue ejecutada durante su segunda etapa en la que fusionó los elementos estilísticos de Rodin con su estilo académico precedente.
Es una de sus obras más significativas, uno de sus mejores trabajos por sus contraluces (juego de luces y sombras) sobre la superficie del bronce, por su construcción admirable con el brazo actuando como principal soporte y, especialmente, volcándose hacia la expresividad (lejos de la idealización académica) revelada por la libre acentuación de los rasgos de su cabeza y un rostro que se presenta con más de una lectura posible (resistencia a la adversidad del tiempo, no sólo cronológico sino también climático). El tiempo climático es el “Crudo invierno”, Après l’hiver como señala la inscripción en francés en la base de la escultura.
Fue considerada como una obra maestra por el crítico colombiano, estadista y escritor Rafael Reyes, a pesar de que no consiguió recibir la codiciada Medalla de la Exposición Internacional de Bruselas de 1912.
Se trata de una magnífica cabeza de un anciano soberbio, indomable y, a la vez, doliente, plena de tensión espiritual y en un estilo que tiene apariencias de impresionismo en sus aspectos de lo espontáneo.

Las fatigas, las luchas, privaciones y dolores han marcado surcos profundos sobre el áspero rostro del anciano, una crispadura (arrugas profundas) que transmite profunda tensión. Es una lección moral (voluntad perseverante, negación a entregarse a la vejez).





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Dolor : Monumento concebido en 1912 y esculpido en mármol de Carrara inspirado en la tumba de la familia Raspail de 1854, realizada por el escultor francés Antoine Ètex en el Cementerio Père Lachaise de París. Dedicado a la memoria de su madre, no hace sino plasmar el sentimiento de dolor que esta le produjo.
Bellísima escultura que fue enviada desde el taller de Fiésole a Santiago y exhibida en el Salón de París de 1921, alcanzó la más alta distinción (Medalla de Plata de la Sociedad de Bellas Artes de Florencia en 1917) recibiendo las críticas más encomiásticas de la prensa francesa. Hoy está ubicada en el Cementerio General (ubicada al norte de la Capilla, por calle Echaurren, entre Romero y O’Higgins) y cubre el sepulcro de sus padres.
Una mujer de ensoñación y ensimismamiento se apoya en el “muro de la muerte” (una gran roca y trozo de mármol que cubre la tumba) consternada por el dolor e inclinando su brazo. “Viene como de lejos cansada bajo sus dolores, pero con expresión del ansia de reposo infinito y abatida por el dolor sincero”(como escribió perfecto su gran amigo y comentarista Silva Vildósola luego de entrevistarla en su taller), replegada sobre sí.
La desnudez de su cuerpo casto es de una belleza clásica, un suave modelado y blandos contornos, arrancando de su tendencia de representación de una voluntad plástica.

Para la plena complementación entre forma y texto en la parte posterior del bloque de mármol la artista en sentidos versos de 1922 escritos en Leysin a la muerte de su madre y esculpidos sobre éste, hace leve recuerdo de la tragedia materna con un poema cuyo epitafio en cuartetos eneasíalabos está grabado en la piedra de la escultura:
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Fue mi madre un ensueño delicado
una luz prisionera en este mundo
en tinieblas morales tan fecundo
de bellezas funesto destructor"




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La Guerra : Monumento encargado a Rebeca Matte en 1913 por el gobierno de Chile para ser obsequiado al Vredes Paleis (Palacio de La Paz) de La Haya en Holanda. Grupo ubicado en los jardines de dicho punto de reunión y fundido en bronce. Debió obtener la Medalla de Oro en el Salón de París de 1914 según confesión del Presidente del Jurado, Antonio Mercier. “Desató la musa de varios escritores y poetas de Italia y Norteamérica”, palabras del poeta y crítico italiano Diego Caroglio.
Era una inventiva contra la guerra interpretada en su idea trágica y fraticida simbolizada (el amor que simbolizan las madres universales) en una figura apocalíptica (una figura fatídica sin sexo, una máscara del horror inspirada en los expresionistas alemanes de la época) y a los pies de ella caen fulminadas la belleza y la fuerza.
Grandiosa contribución al ideal pacifista, pues en La Haya fue admirada por ser el único monumento que lograba reflejar su símbolo de composición: la paz, y fue entregada precisamente en 1914, el año en que se inició la Primera Guerra Mundial.
Muestra mayor madurez plástica y energía expresiva que en sus obras iniciales, y en el segundo concepto, dado que aquí un solo movimiento basta para su expresividad.
Se aprecia la concepción escultórica de Rodin, propia de la segunda etapa de la autora, por ejemplo, en el uso del pedestal (recuerda al de monumentos del francés como El Eterno Idolo). Fue el primer gran encargo que recibió y en el género más difícil.

Héroes de La Concepción : Considerado como el monumento más relevante y realmente sublime (aquí lo sublime se relaciona con el conocimiento de la muerte), lejos de otros “malos monumentos en nombre de lo sublime”, como justamente escribió Víctor Carvacho. Fue en este monumento donde supo lograr la cima artística resumiendo aquí los mejores atributos de la autora, y ello dados su extraordinaria factura en espiral y en ascensión (la artista imprime un movimiento ascendente) y su espíritu épico. Según la mayoría de los críticos es una de las esculturas más bellas y logradas con las que cuenta la ciudad de Santiago. Es el monumento conocido por el hombre común que suele pasear los domingos por el centro de la capital y fue colocado el 28 de junio de 1922 en el bandejón central de la alameda entre Ejército y la avenida Norte Sur.
Creado gratuitamente por Rebeca Matte e incluso ella pagó parte de su fundición y flete desde Italia. Grupo escultórico, fue realizado en 1917 en La Torrosa (el año en que fallecería Rodin, el más célebre escultor de la época del cambio de siglo) y este original realizado por la artista está ubicado en la Plaza Mauá de Río de Janeiro. Un segundo original fue encargado tres años más tarde por el gobierno chileno a su marido Pedro Iñiguez, quien lo solicitó al maestro francés Vignoli, trayéndose a Chile en 1922 (atrasado por las dificultades de embarque durante la guerra europea). Entonces era costumbre realizar cada año la ceremonia de juramento a la bandera al pie del monumento, rito hoy lamentablemente perdido.
Le tomó 6 meses en terminarlo, le tuvieron que ayudar con el trabajo pesado sus discípulos de la Academia de Florencia, y al acabarlo su autora escribió: “Estoy exhausta pero contenta”. Finalmente se erige desde 1922 y no en 1923 como erróneamente se ha escrito en un diario regional publicado en Google.
En el monumento quedó inmortalizado en el bronce el sacrificio de un puñado de soldados chilenos en la Guerra del Pacífico. Aquí se siente el fervor nacionalista propio de los artistas chilenos que vivían en el extranjero. El sentido lo capta cualquier neófito en la materia y nos proporciona ante todo el símbolo y el desnudo en vez del traje y el retrato. Es un canto épico a la muerte y a la gloria de los caídos. Un conjunto de hombres (originalmente los 77 soldados - cuatro oficiales, 7 clases y 66 soldados - , chilenos al mando del capitán Carrera Pinto que fueron eliminados combatiendo contra los peruanos en un frío 10 de julio de 1882) se agrupa alrededor de la bandera que levanta un adolescente (el oficial Luis Cruz Martínez) en un gesto de sacrificio expresando la aspiración de entregarse a la patria. El héroe niño está inspirado en la tensa escultura alemana de preguerra y en el poema L’Aiglon del autor de Cyrano de Bergerac : “Era necesario que sobre estos muertos me alzara…”. Figura erguida que clava la bandera hacia el cielo, verticalidad (forma de elevación espiritual) expresada que simboliza lo infinito. A sus costados están grabados los nombres de los cuatro oficiales niños: Carrera Pinto, Pérez Canto, Cruz Martínez y Montt Salamanca (cuyos corazones se conservan en alcohol en la Catedral de Santiago).
Son escultóricamente un conjunto de figuras escuetas caracterizadas por elongaciones corporales (figuras tensadas) y el dominio técnico en un grandioso equilibrio de contornos. La composición es de cinco figuras y hay que recorrerla con más de una mirada, ya que la quinta de ellas se encuentra en el dorso del conjunto.

El otro aspecto relevante del monumento Héroes de La Concepción reside en que la artista no aplicó la alegoría para representar los sentimientos, sino que creó la forma plástica simbólica que en su significado es más abierto que una alegoría, y así lo sublime responde como categoría estética a la inagotabilidad del símbolo.






Icaro y Dédalo : es esta la obra más reconocida de Rebeca Matte si consideramos que se distingue, como ninguna otra, a la vista del acceso al principal museo de arte de nuestro país.
Dedicada a los mártires de la aviación chilena, representa el famoso mito griego que recuerda el primer intento del hombre por volar.
Es una composición alegórica y como tal lleva inscrita la leyenda “Unidos en la gloria y en la muerte”, en una posición más moderna (revela las tendencias estéticas que se imponían entonces con Rodin, pues al igual que en sus obras, la superficie se halla esbozada) y correspondiente a la segunda etapa de su labor, recogiendo influencias del maestro francés llamado “el primer moderno”. Simboliza la muerte de un aviador heroico en el momento del encuentro del severo padre (con un gesto imponente, pues en su rostro permanece aún el disgusto ante la desobediencia del joven) Dédalo con su agónico hijo. Icaro, caído y tendido agónico sobre las rocas es despedido por su compañero sobreviviente. Está inspirado en una obra del poeta decadentista italiano D’Annunzio, de temática clásica y metafórica.

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Es un notable grupo ejecutado con un magistral y hermoso oficio en una composición de líneas cruzadas, con un grafismo potente de las anatomías de las figuras, en su textura de gran nivel que busca el efecto de la luz sobre el metal y, sobre todo, en el inacabado de las alas destrozadas de Icaro, audacia moderna en su época.
Busca la sugerencia simbólica (pues Icaro no sólo sugiere aquí una voluntad inoperante al mostrar su ala izquierda quebrada como signo de su muerte) sino que además la caída sugiere artísticamente el ascenso sintiéndose toda la compasión, tristeza y amparo.
Icaro y Dédalo es la síntesis final y cúlmine de su producción y según su biógrafa (Profesora del Instituto de Historia de la Universidad Católica y la autora de Manos de Mujer) Isabel Cruz de Amenábar, es considerada “en primer lugar” dentro de su obra.
Lamentablemente el monumento ha sido víctima de rayados, uno con lápiz dorado en su base bajo la firma de la autora, y otro al inferior del ala izquierda hacia el pedestal.

Ulises y Calipso : Es un imponente mármol realizado en 1925 y donado al Club de la Unión de Santiago, en el cual se conserva hasta hoy en el primer piso de su hall central, en uno de sus salones a la derecha del ingreso principal, por ser uno de los pocos lugares capaces de soportar su carga de dos toneladas.

Ulises (el héroe de Homero en la Odisea que Rebeca Matte solía releer), contempla con un rostro duro y cabizbajo el mar con una inmensa desolación, mientras la ninfa lo retiene y seduce. Inspirada en la Odisea (el poema épico del siglo VII u VIII a.C. atribuido al poeta de Beocia, Homero) cuenta como el héroe griego estuvo siete años prisionero de la diosa Calypso, mientras su paciente esposa, Penélope, deshacía en las noches el tejido que había realizado durante el día.





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Tristeza : Escultura en mármol que pertenece a la colección de la Galería Pitti de Florencia. El gobierno de Italia la solicitó a la artista en 1929.

Los Ciegos : Fue la última escultura de Rebeca Matte quien la entregó para que fuera puesta en su propio sepulcro.
Se emplaza junto a la tumba familiar, el bello mausoleo que guarda los restos de la gran escultora chilena y los de su marido Pedro Iñiguez. Fue premiada en Berlín e inspirada en la obra homónima de Maeterlinck (poeta belga simbolista y Premio Nobel de 1911) y en el Paraíso Perdido de Milton.
Esta estatua a su vez inspiró el poema L’Umanita del poeta y crítico italiano Diego Caroglio.
La escultura se encuentra algo deteriorada y tapada por otras construcciones posteriores que le han eliminado un tanto la perspectiva original que constituía un conjunto único junto a los jardines del mausoleo.
Muestra a la pareja humana expulsada del paraíso que avanza titubeante y temblando de escalofrío hacia horizontes desconocidos y “hacia la luz” (Ad Lucem como reza la inscripción sobre el pedestal de la estatua). Un hombre conduce a una mujer muerta hacia la luz y los dos van con los ojos cerrados y las manos tomadas.
Es una obra de penetrante psicología y de un inmenso contenido humano pues acomete la representación de la “era de las tinieblas”que había traído la Primera Guerra Mundial.

Es la obra cumbre de su autora como símbolo de la humanidad que avanza sin horizonte.




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La otra faceta de la gran escultora nacional es la de una escritora desconocida, similar a su rol de escultora no difundido correctamente en su vida íntima, ni en su enfermedad ni imagen, pues aparte de las correciones biográficas ya descubiertas, muchos sólo conocíamos su retrato al óleo de 1929 pintado por Vittorio Corcos, su amigo, comentarista de su obra y retratista de la alta sociedad florentina de comienzos de fin de siglo. Recién luego de décadas de olvido comenzó a ser sacada del anonimato en 1996 por su biógrafa Isabel Cruz de Amenábar, quien entonces hacía las primeras investigaciones que se plasmarían en su ilustrada monografía Manos de Mujer, Rebeca Matte y su época, 1875-1929, de hermosas e inéditas fotos y que le tomó nada menos que doce años en ser publicada en el 2008, consultando innumerables documentos.

Por mi parte, sólo espero que estas líneas puedan complementar dicha investigación y llenar el vacío que aún perdura sobre su vida y obra (pues es una artista desconocida para la mayoría de los chilenos) con algunos datos que no aparecían en su texto. Un homenaje a tres de mis antepasados paternos y continuar con el rescate de su legado es mi único fin reuniendo lo mejor de lo ya escrito en manuscritos, cartas, documentos, libros, sitios electrónicos y, lo que hasta esta fecha, no se había dicho (o se había mencionado erróneamente) en Internet.

Rebeca Matte era una sutil escritora de emotivas cartas donde lograba su mayor vigor y un acento sincero, como en el “Manuscrito de Davos” de 1925, y mantenidas en el ámbito privado, pues la escultora debido a su retraimiento era reacia a mostrar su intimidad.

Dicha correspondencia fue intercambiada con su prima, la audaz y valiente Inés Echeverría de Larraín o “Iris” (1868-1949), tía de Joaquín Edwards Bello, y que fuera publicada en extractos en el diario La Nación del 14 de mayo de 1930.
“Iris” fue la primera mujer académica de Chile y una de las primeras periodistas que entrevistó a figuras de la talla de Freud y Ionesco. Escritora de variada y extensa obra literaria fue la cronista del movimiento de mujeres en plena campaña electoral de Arturo Alessandri, y una de las figuras claves en la emancipación social e intelectual de la mujer chilena del siglo XIX, tal como Amanda Labarca o Teresa Wilms Montt, “mujeres modernas” del movimiento feminista latinoamericano. Inés fue una aristócrata, gran conversadora, bajita de estatura y llevó una vida atormentada (acompañada por la tragedia pues en junio de 1933 su hija Rebeca Larraín fue asesinada por su esposo Roberto Barceló, impulsado por la vehemencia de su madre, y quien será condenado al fusilamiento tres años más tarde).
En 1905 se publicó su primer libro, un diario de vida titulado Viaje hacia el Oriente, recuerdos de una peregrinación a la Tierra Santa, en forma anónima y producto de constantes viajes hacia esa zona y Europa. A pesar de sus galicismos, esta obra vale por su incuestionable originalidad.
La imagen que se escogió para la portada de este diario muestra a "Iris" en su mejor semblante:




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Las cartas escritas por Rebeca Matte son valiosas, aunque no tanto o más como sus esculturas, como se escribió, pues su mano primaba sobre la letra. Sin embargo, en cualquier caso merecen ser recopiladas en un libro por su valor de testimonio familiar.
Rebeca escribía con originalidad, delicadeza y potencia muy sentidos versos en unas cartas poéticas (“poesías magníficas”anotó en 1922 su hija “Lily” en su diario) de una lectora apasionada.
La escultora contribuyó a dar a conocer la obra de su prima “Iris” a quien Rebeca le leía sus cartas y poemas esporádicos, propios de una romántica tardía con ecos simbolistas y tonos modernistas inspirados sobre todo en Musset, D’Annunzio, Chateaubriand y Lamartine.
Además intercambió cartas con el crítico de la época Hernán Díaz Arrieta que desde 1910 firmaba, con el seudónimo de “Alone”, su columna para El Diario Ilustrado, y luego Rebeca Matte le leyó sus cartas en su casa (hoy desaparecida) de Huérfanos esquina de Teatinos.
Tanto a Inés Echeverría como a su prima Rebeca les venía la vocación de escribir de su antepasado, el gran humanista Andrés Bello, por el ilustre abolengo que ambas tenían en la herencia de la inteligencia y el talento.

Por su parte la hija de Rebeca Matte, “Lily” Iñiguez, pasó la historia literaria chilena como una notable poetisa aplaudida por Omer Emeth (seudónimo de Emilio Vaïse, el crítico literario "conciliador" pues siempre decía la verdad) y “Alone”; y quedó como una amante de Europa y especialmente de París (su “patria natal” como confesó en su diario). Sensibilidad exacerbada, propia del fin de siècle y escritora en potencia, Edwards Bello la llamó certeramente la “Daisy Miller chilena”, la heroína de Henry James de su novela homónima de 1878, por el mismo estilo de vida europeo y esa “rara fiebre” por la que ambas desaparecerían en la “flor de la edad”.

Eleonora dejó un delicado libro de poemas titulado Breve Chanson (Breve Canción) publicado entonces sólo en francés. Mostraba una bella iconografía funeraria en un tableau (versión impresa de un dibujo) ejecutado por el pintor búlgaro Boris Georgiew, muy del gusto Belle Èpoque de los años ’20.
Incluía el poema La Catedral, notable según Silva Vildósola.

Y escribió también un diario publicado originalmente en francés y luego traducido al español, publicado en 1954 por la Editorial Del Pacífico como Páginas de un Diario. Rebeca Matte llevaba siempre consigo ese Diario y a Edwards Bello le encantaba su ternura, espontaneidad y visión de un mundo interior. Por su parte, “Alone” cuando era el crítico de La Nación publicó un artículo de 11 de diciembre de 1927 donde elogió su “encanto de simplicidad”.

A pesar del desconocimiento sobre el legado de la gran escultora chilena, varios lugares recordaban su memoria pues existía el Parque Rebeca Matte en la ChacraLa Divisa” de San Bernardo entre el antiguo camino de Ochagavía y la carretera al sur.
También se creó una población que lleva su nombre, la Población Rebeca Matte de Nuñoa que se ubica en el barrio sur de tal comuna de Santiago, entre calles Marathon, Guillermo Mann y Francisco Meneses.
Asimismo se fundó en 1939, en la misma capital y en honor a la gran escultora, la Escuela Básica Rebeca Matte Bello (E 326) en la comuna de Renca ubicada en calle Condell nº 1552.

Finalmente, desde 1992 en honor a su memoria fue creado el “Premio Rebeca Matte” que otorga el Ministerio de Educación de Santiago a las escultoras chilenas que alcancen prominencia debido a su gran talento, tal como ella lo logró en su época.

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En el Bicentenario de la República de Chile y en el Día del Trabajo dedico éste a la ilustre memoria de Rebeca Matte y termino estas líneas citando las palabras de la placa de 1955 del Instituto de Conmemoración Histórica, ubicada en su hogar donde nació la primera e imperecedera escultora nacional:

La excelsa cultora de la belleza plástica, gloria de Chile y del mundo vivo en el grupo inmortal de los grandes artistas ”.


Santiago de Chile, sábado 1 de mayo de 2010





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Juan Eduardo Matthews Houston ©